La Fábrica de Artes y Oficios FARO de Oriente, ubicada en la delegación Iztapalapa, es una de las zonas más pobladas, pobres y conflictivas de la Ciudad de México (un millón 850 mil habitantes, 67 por ciento de ellos en condiciones de pobreza extrema).
El FARO es la combinación de una escuela de artes y oficios, con un espacio cultural de oferta artística importante y una plaza pública. Mediante estos elementos crea una nueva visión sobre el desarrollo cultural, en el cual el acceso a esta clase de actividades se convierta en un acto cotidiano.
El FARO se concibe como un centro de producción artística, en donde a través del aprendizaje de oficios como carpintería, pintura, escenografía, iluminación, danza, soldadura, teatro, música, literatura, etc., se busca desarrollar habilidades y destrezas en la gente de la zona, que tengan la oportunidad de crear y capacitarse para conocer y potenciar las actividades artísticas.
El FARO busca impulsar modelos de capacitación no escolarizados que permitan la formación de individuos en el ámbito de la creación y servicios culturales, proponiendo una oferta incluyente, además de una opción formativa diferente.
El FARO busca fomentar las experiencias de auto-organización, busca cómo invertir y aprovechar mejor los tiempos para la recreación, la creatividad y el desarrollo propio y de la comunidad, donde también se aborde el análisis y mejor aprovechamiento de los espacios urbanos y la infraestructura para la cultura y el arte.
El FARO también es un proyecto de desarrollo comunitario donde se fomenta la autogestión a través de colectivos artísticos. La comunidad encuentra un espacio para hablar de sí misma, lo que fortalece la confianza y el sentido de pertenencia.
Un pilar del FARO es la gratuidad de los servicios que ofrece. Bajo este principio se evita que la obligación de pagar -aunque fuera una mínima cuota de recuperación- excluya a cualquier persona interesada en recibir educación artística o acceder a las diversas manifestaciones del arte que se ofrecen en la institución. En un entorno excluyente preservamos un espacio que reivindica, en los hechos, la necesidad de que el Estado se comprometa con la educación artística y con el desarrollo cultural y humano.









